Quim Masferrer

Le acaban de comunicar que le quedan 90 minutos de vida. Una hora y media de la más auténtica y plena libertad que nunca podrá disfrutar un ser humano. La libertad de ajustar cuentas, de decir de verdad todo lo que piensa, de ser sincero por una vez. La libertad de saltarse las normas políticas, sociales y morales. La libertad de quien no se puede encarcelar, ni multar, ni imputar, ni castigar.

Una hora y media de intensa tristeza, de crítica desbocada, de ironía, de despedidas, lamentos, recuerdos, olores, amigos, paisajes… que nunca más sentirá. Deseos insatisfechos, lo que no ha podido hacer ni podrá hacer nunca. Un cúmulo de rabia, rencor, venganza… la libertad de reírse del muerto, de sí mismo, y de quien lo vela, el público. La tragicomedia de la vida en 90 minutos. Se abre el telón. Empieza la cuenta atrás.